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¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

jueves, 16 de febrero de 2012

Reposición de El disfraz mágico.


Ayer me llevé una  sorpresa muy agradable cuando vi en facebook  los  dibujos que había hecho la estupenda ilustradora Xènia de Armengol , inspirada en mi cuento El disfraz mágico.

Me gustaron  muchísimo, pues como todos los suyos son fantásticos  y,  además, me encantó que  leyese mis cuentos como si fuese una niña más.  Me contó que según lo iba leyendo se le iban ocurriendo  las ilustraciones. Le agradezco que, de una manera desinteresada,  me deje poner el dibujo en mi blog  porque, desde hoy, está más bonito gracias a ella.
Como estamos en Carnaval y, además, ahora sí que tenemos Un disfraz mágico, os lo vuelvo a mostrar para que veáis lo bonito que está. Un beso muy fuerte para Xenia.

Quique llegó a casa con una nota de su colegio:
“El martes de Carnaval, todos los niños deberán venir disfrazados para el festival que se celebrará en el salón de actos”
-Tendremos que comprarte un disfraz nuevo para la fiesta -dijo su madre, mirándole de arriba abajo para calcular la talla que tendría su hijo en ese momento-.Has crecido mucho desde el año pasado. El niño se rió orgulloso al escucharla.
Al día siguiente, Quique estaba muy nervioso; iban a ir con su abuela a elegir el disfraz. Cuando llegaron a la tienda, había tantos que no sabían por cual decidirse: de piratas, de chinos, de indios, de vaqueros. Él los miraba todos callado, sin elegir ninguno.
-¿Quieres uno de pirata? le preguntó su madre.
Él movió la cabeza para los lados un poco enfadado.
-Pues no, parece que no le gusta este- le comentó a su abuela.
Entonces, el niño vio uno que le llamó mucho la atención; se soltó de la mano y salió corriendo a cogerlo.
-Este, mamá, quiero ir de jirafa –dijo muy contento pensando que ya había encontrado el que quería.
-¡Claro, cómo no se me había ocurrido antes! Con lo que le gustan los animales, quiere vestirse de jirafa. Ven Quique, vamos a probártelo.
La madre del niño descolgó el disfraz de la percha en dónde estaba colgado y se dirigieron los tres hacia una fila de personas, que esperaban el turno para poder entrar en la única habitación de la tienda, que tenía un espejo.
-Lo siento señora, pero este disfraz no está disponible. Tiene un letrero que lo indica:”No está a la venta” -les dijo la dependienta, cuando vio que se lo llevaban al probador.
El niño, al oír a la señorita, cogió una rabieta tan grande que nadie lo podía consolar.
-Quiero este, quiero este - decía entre sollozos y suspiros.
La dependienta, viendo que Quique no tenía consuelo, se conmovió.
-Bueno, cójanlo, no creo que mi jefa lo tenga reservado.
El niño dejó de llorar inmediatamente y cuando les llegó el turno, se metieron en el probador con el disfraz, para ver cómo le quedaba. Le quitaron con cuidado la funda de plástico que lo protegía: era precioso. Parecía hecho de la piel de una jirafa de verdad, todo de una pieza. En la cabeza tenía dos cuernecitos negros, que al niño le hicieron mucha gracia.
-Ven Quique, mete primero las piernas y luego los brazos. Ahora la cremallera y por último te pondremos la cabeza -le explicaba su madre.
El niño se miró al espejo y sonrió viendo lo guapo que estaba.
-Estupendo, te queda muy bien -dijo la abuela.
Las dos lo estaban contemplando cuando, de repente, observaron que ocurría algo muy raro, la tela del disfraz empezó a pegarse al cuerpo del pequeño como si se tratara de su piel, su cuello se estiró tanto, que la cabeza empezó a subir y a subir hasta que no cabía en el probador, y la nariz y la boca se transformaron en un verdadero hocico de jirafa. La abuela salió gritando:
-¡Socorro, socorro, ayuda! el disfraz está embrujado.
En ese momento, entró la dueña de la tienda, y al escuchar los gritos, fue derecha al probador con un cubo a agua que echó sobre el disfraz, ante la mirada asustada de Quique y de su madre. Rápidamente, el cuello del niño empezó a encogerse, la tela se le separó de la piel y volvió a ser cómo era antes: un niño rubio, con cara de niño, no de jirafa.
-Lo siento mucho- les decía la señora de la tienda disculpándose toda sonrojada-, no sé cómo la dependienta se ha atrevido a vendérselo, si ponía bien claro, que no estaba a la venta. Desde que me lo trajeron de África, este disfraz no me ha dado más que problemas. Mañana mismo le devolveré.
-No la regañe, señora, la culpa ha sido de mi hijo, que se ha puesto muy pesado. La pobre chica no ha tenido otro remedio que dejar que se lo probara -decía la madre de Quique respirando hondo, mientras se le pasaba el susto y la abuela se tomaba una tila.
Quique no dijo nada; sabía que por culpa de su cabezonería, había estado a punto de convertirse en una jirafa de verdad. Ahora le iban a echar una buena bronca de camino a su casa.
A la mañana siguiente, llamaron a la puerta, un repartidor les entregó un disfraz de indio, que les enviaba la dueña de la tienda, con una nota volviendo a disculparse por lo sucedido el día anterior. Cuando la madre lo vio, llamó a su hijo:
-Mira Quique, por lo menos con este no te crecerá el cuello, si acaso alguna pluma –comentó sonriendo para quitarle importancia a lo sucedido el día anterior.
El niño, mirándola con preocupación y sin ganas de bromas, le dijo:
-Mamá, pensándolo bien, no quiero ir a la fiesta.

8 comentarios:

Conchita dijo...

Dedicado a mi sobrino Quique en quién me inspiré
para escribir este cuento.

Anónimo dijo...

Conchita, me ha encantado el cuento y las ilustraciones. ¡Eres incansable! ¡Vaya ejemplo a seguir! Un montón de besos.
María Dávila

Xènia dijo...

Muchas gracias! Es todo un honor tener mis ilustraciones acompañando tus cuentos. Disfruté mucho leyéndolo y después dibujándolo. Ya estoy suscrita al blog para no perderme ninguna de las aventuras que escribes.
:)

Xènia de Armengol

Conchita dijo...

Muchas gracias a María y a Xènia por seguirme tan fielmente.
Un abrazo para las dos.

Teresa Fieltrovitz dijo...

Qué bonito y qué tierno, me gustan mucho tus cuentos abuela atómica, y las ilustraciones son geniales!

ana dijo...

laMe ha encantado este cuento
soy Ana alumna de Maria Davila

Blanca Lafarga dijo...

Muy divertido. Gracias.

Conchita dijo...

Gracias por entrar a leerme. Yo, últimamente, no tengo mucho tiempo de pasear por otros blogs.
Un saludo.

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